Revista de Arte, Ciencia, Humanidades y otros Placeres

Mis viajes:Egipto (2) Arte

Continúa la Crónica del viaje a Egipto en Mayo de 2007- En el capítulo de hoy escribo sobre Arte con comentarios y conocimientos nuevos acompañados de un guía.

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EL ARTE.-Tres características destacan en el arte faraónico: el predominio de la línea recta, el colosalismo y el hieratismo. El primero se refleja, sobre todo, en la arquitectura, con sus trazados y fachadas rectilíneos, y sus huecos adintelados, copiados más tarde por los griegos. El segundo, principalmente en las estatuas y en las columnas, en las que los capiteles son muy variados y, unas veces no se repiten los de columnas contiguas, como en los claustros románicos, y otras, sí. El tercero en las figuras humanas. Los templos, al menos los que visitamos nosotros, tienen todos la misma estructura: un pilono con la entrada (el guía decía un pilón), un patio porticado, una sala hipóstila-es decir, sin techo-y un vestíbulo cubierto que da acceso a la cámara del dios. (El pilono es esa estructura masiva, situada en la parte frontal, cuya proyección horizontal es un trapecio regular, muy característica de los templos faraónicos, que en algunos casos albergaba al cuerpo de guardia) Las diferencias con este esquema básico dependen del grado de conservación del monumento y de la construcción, en la misma ubicación, de otros templos en épocas diferentes, sobre las ruinas de los anteriores. A mi me sorprendió la proliferación de bajorrelieves, una buena parte de ellos con inscripciones en jeroglífico, que se encuentran por las paredes y por las columnas

El GUIA. Nos tocó un guía con un excelente castellano, por lo que se hacía entender muy bien, que nos llamaba “familia” y “faraones”. En mi opinión pecaba, a veces, de excesivamente prolijo en sus explicaciones, pues nuestro nivel de conocimiento de la civilización faraónica, en general, y de su complejo panteón, en particular, no era tan elevado como para poder asimilarlas. En todo caso yo aprendí de él unas cuantas cosas importantes: por ejemplo, la identificación de los distintos faraones por sus “cartuchos” (en algunos textos los llaman “cartelas”), ya que cada uno tenía su propia leyenda identificatoria; el encabezamiento hacia la cámara del dios de la estructura de los templos mediante el estrechamiento paulatino tanto en horizontal como en vertical; etc.. Otras ya las sabía, como los cinco pilares básicos del Islam (la profesión de fe: “No hay mas Dios que Alá y Mahoma es su Profeta”; la limosna; la oración-al menos 5 veces al día, a la que antes llamaba el “muecín” desde los alminares y ahora lo hacen unos altavoces (cosas de la modernidad)-; el ayuno-una vez al año, el Ramadán-; y la peregrinación a La Meca, una vez en la vida); la existencia, para los musulmanes, de muchos profetas, pero sólo tres “enviados” divinos, los fundadores de las tres religiones “del Libro”-La Biblia, Los Evangelios y El Corán-: Moisés, del judaísmo; Jesucristo, del Cristianismo; y Mahoma, del Islam; etc.. En el rollo religioso yo creo que se pasó un poco aparte de meternos, indirectamente, alguna mixtificación histórica, como con la vida de Mahoma en la que los datos que nos dio no coincidían con los que yo tenía de un comerciante de La Meca al que un braguetazo por casarse con Kadidja, una viuda rica, le permitió dedicarse a la contemplación y elaborar una mística que se convirtió en una religión monoteísta teñida de elementos judaicos y cristianos, pero muy adaptada a las necesidades del momento de las tribus árabes nómadas, a las que supo unir e impulsar hacia una gran expansión. O, más reciente, el relato que nos contó cuando la visita a la tumba de Sadat en El Cairo, de la conquista de todo el Sinaí por las fuerzas egipcias en la última guerra árabe-israelí. Si los egipcios habían conquistado todo el Sinaí ¿porqué los israelitas se lo tuvieron que devolver en los Acuerdos de Camp David?.

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Como había quedado intrigado por esta aparente contradicción, al llegar a casa lo consulté en el diccionario enciclopédico de Salvat-El País que me informó de que, si bien en esta 4ª Guerra árabe-israelí de 1973 éstos no les dieron a aquéllos la paliza de las otras tres, también ganaron y controlaron los puntos clave, entre ellos el Canal de Suez. La devolución del Sinaí obedeció, más bien, al pago por parte de los EE.UU. del cambio de alianzas de Egipto, que ya al final de la época de Násser había vuelto al redil estadounidense después de que la incompetencia de Foster Dulles-Secretario de Estado de Eisenhower-le hubiese arrojado en brazos de la Unión Soviética al negarle la financiación de la 2ª presa de Asswán (la presa grande que forma el lago Násser).La Unión Soviética recibió alborozada el regalo de su alianza con Egipto que compensaba, en parte, la pertenencia a la OTAN de Turquía, clavada en su flanco Sur. Todo lo que queda hoy de aquella alianza es una cierta retórica, el Monumento a la Amistad de la Presa Grande y una parte del armamento del Ejército egipcio. Yo no me considero pro-israelí, precisamente, pero las cosas fueron como fueron. Lo que más me molestó del guía fue su curiosa valoración de los hechos según que fuesen realizados por musulmanes o por otros: así la conversión de la Mezquita de Córdoba en una iglesia cristiana estaba mal, pero no dijo una palabra sobre la conversión de Santa Sofía-el templo cristiano de Bizancio (antigua Constantinopla, actual Estambul) en mezquita. Yo opino que transformar la Mezquita de Córdoba en una iglesia cristiana fue una aberración artística, igual que situar el Palacio de Machuca (o de Carlos V)-que tomado aisladamente puede ser considerado una muestra interesante de la arquitectura renacentista hispánica-en mitad de la Alhambra es un bodrio. Pero si una cosa está mal la otra debe estarlo también, independientemente de quién lo haya hecho. Además, en general, todos los dominadores utilizaron los lugares sagrados de los dominados para eregir sus lugares sagrados: por ejemplo, los romanos levantaron sus templos a Júpiter donde los aborígenes tenían sus oratorios, los cristianos sus iglesias sobre los templos de Júpiter, los musulmanes sus mezquitas sobre las iglesias, etc.; es como cuando un perro mea sobre la meada de otro para dejar su marca.

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Queda por explicar porqué un país con un pasado cultural tan rico está ahora tan atrasado, y yo considero que la pérdida de tantos trenes históricos hay que achacársela, como en tantos otros países, principalmente al islamismo. Pero, ¿porqué una religión que en la Edad Media era más permisiva y progresista que el cristianismo(la mayor parte de Aristóteles fue conocida en Europa occidental gracias al musulmán Averroes) no evolucionó como éste?. Yo creo que hay varias causas históricas que explican el inmovilismo-e incluso la regresión-del Islam y la evolución del Cristianismo. Una es que en la mayoría de los países en los que éste prendió, había una rica tradición, de origen romano, de independencia de las leyes de la Religión, mientras que en los países islámicos las leyes derivan directamente del Corán. Otra, que dada la complejidad de la teología cristiana, las disputas en su seno eran siempre, o al menos estaban revestidas, de carácter doctrinal-tal fue el caso del arrianismo o el monofisismo, sobre la naturaleza de Cristo-mientras que en el Islam eran casi siempre por el poder: recuérdese que la escisión entre ortodoxos y católicos, en el campo cristiano, fue por el “filioque” del Credo, pero la de chiitas y sunnitas fue por la sucesión de Mahoma. Una tercera estaría en la lucha permanente, en los países cristianos, de la sociedad civil por restarle poder a la Iglesia-o a las iglesias-, cosa que no ocurrió en los países islámicos. Por ello se tuvo que pagar un precio muy alto del que pueden dar idea los hechos siguientes: Copérnico, que revolucionó la astronomía de su tiempo con la teoría heliocéntrica, tuvo que dar órdenes de que su obra se publicase después de su muerte y evitar así la hoguera; Galileo, que por entonces desconocía las ideas de Copérnico, tuvo que retractarse de una cosa en la que tenía razón-que la Tierra giraba en torno al Sol, y no a la inversa, como propugnaba la teoría tolemaica y defendía la jerarquía católica-para evitar, también, la hoguera; Miguel Servet y Giordano Bruno que fueron más tercos-“necios como una gocha de Teverga”, que diría alguien de Mieres-fueron quemados vivos, uno por defender la circulación de la sangre y el otro por sus ideas copernicanas. Si Rouco y Cañizares tuviesen ahora el poder que tuvieron antes los obispos y cardenales o los jefes reformadores, nos llevarían a muchos a la hoguera. Nunca agradeceremos bastante la sorda pero continua labor de científicos e ilustrados.

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